El retraso del colector de Malilla desborda los plazos y la paciencia del barrio

La Generalitat admite que el colector de Malilla no estará antes de marzo de 2027. Son ocho meses más de lo prometido.

Una zanja que cumple dos años

El martes, a las 8:15, un autobús de la EMT quedó atrapado veinte minutos en el cruce de Ausiàs March con Sant Vicent Màrtir.

El conductor esperó a que una retroexcavadora apartara tierra del carril derecho y, cuando pudo, avanzó quince metros y volvió a frenar, con el motor encendido y los viajeros mirando el reloj.

Las obras empezaron en octubre de 2024. El compromiso oficial era acabarlas en julio de 2026. La Conselleria de Medio Ambiente admitió el jueves en Les Corts, a preguntas de Compromís, que la fecha realista es marzo de 2027.

Ocho meses más.

Lo que empezó como una intervención de nueve meses se ha convertido en una presencia fija, y los vecinos ya no miran los carteles informativos porque saben de memoria lo que dicen y hace tiempo que dejaron de creérselo.

Entre la calle de Cuba y el Parque de Malilla hay cuatro frentes abiertos, según la asociación vecinal. Tres llevan más de seis meses parados por falta de tubería de hormigón armado. El cuarto avanza a doce metros por semana.

El presupuesto inicial era de 4,8 millones. La última modificación añade 1,3 millones, sobre todo para desviar conducciones de gas y fibra que no figuraban en el proyecto original.

La obra se adjudicó a la UTE de Bertolín y Pavasal, que no ha respondido a las preguntas de este diario.

El barrio se organiza por su cuenta

Cada jueves a las 19:30, una veintena de personas se reúne en el local vecinal de la calle de Joaquim Benlloch.

Han creado comisiones para el ruido, para los accesos a los garajes y para los comercios afectados, y llevan un registro de incidencias que envían cada semana a la Junta de Distrito y a la Conselleria, casi siempre sin respuesta escrita.

Marta Ferrandis preside la asociación desde 2022. Dice que el ayuntamiento les dio un teléfono directo con el inspector de obra. Funciona a medias. «Llamas un lunes y vienen el miércoles. Si llamas un viernes, hasta el lunes no hay nadie», cuenta.

El colector forma parte del plan de saneamiento del sur de Valencia, que debe recoger las aguas pluviales de Malilla, La Raiosa y parte de Jesús. Sin él, los sótanos se inundan cada vez que caen más de 40 litros por metro cuadrado en una hora.

La panadería de Sant Vicent Màrtir, abierta desde 1987, ha perdido un 22% de facturación desde que cortaron el carril. Su dueño, Vicente Alabau, ha reducido el reparto a dos días y ha dejado de servir a dos bares del centro.

No todo es queja. La farmacia de la esquina gana clientes de paso. Un estudio jurídico se ha mudado porque el alquiler ha bajado. El mercado de los martes mantiene los puestos aunque el aparcamiento sea una escombrera.

Rutas que cambian cada mes

Los desvíos de la EMT han cambiado cuatro veces desde enero.

La línea 18 circula por la calle de l'Arquitecte Rodríguez hasta el hospital La Fe, un rodeo de 1,7 kilómetros que añade once minutos al trayecto, y la línea 27 mantiene el recorrido pero pierde dos paradas.

Rosa Ibáñez conduce la EMT desde 2019. Calcula que en hora punta tarda el doble entre Malilla y el centro. «Antes hacía veinte minutos. Ahora, si pillo el tren de mercancías en el paso a nivel, se me va a treinta y cinco», explica en el semáforo de José María Haro.

El ayuntamiento ha habilitado un aparcamiento provisional de 84 plazas junto al metro de Safranar. Se llena a las 7:40.

Después, los coches aparcan en doble fila en la calle de la Serradora y la Policía Local multa con criterio irregular. Para quien va andando, el itinerario ha cambiado sin aviso. El paso peatonal entre Ausiàs March y Vicent Marco está cortado desde junio. La alternativa obliga a dar un rodeo de 400 metros por José María Haro, sin sombra y con acera de 90 centímetros en dos tramos.

El CEIP Ramón Esteve abre las puertas diez minutos antes para que las familias no esperen en la calle con el tráfico de la obra. El IES Malilla ha trasladado la salida de los autobuses escolares al patio trasero, sobre grava.

Los padres aceptan el cambio sin entusiasmo. Lo consideran un mal menor.

Lo que dicen los responsables

La Conselleria atribuye el retraso a tres factores: conducciones no catalogadas, falta de suministro de tubería y coordinación con las obras de la línea 10 de metro.

Ninguno era desconocido en 2024, según el acta de la comisión de seguimiento a la que ha tenido acceso este diario, un documento de catorce páginas donde los técnicos ya advertían de que el calendario era «ajustado» y de que cualquier imprevisto en el subsuelo obligaría a renegociar plazos con la adjudicataria, algo que ocurrió en febrero de 2025.

Fuentes de Obras Públicas aseguran que el tramo principal cerrará en febrero. La asociación vecinal calcula, con los partes semanales, que no será antes de mayo. Entre ambas previsiones hay tres meses y unos 200 metros de zanja.

El concejal de Movilidad señala que el consistorio no promueve la obra y que su margen se limita a desvíos y señalización. «Hacemos lo que podemos con lo que nos dejan», afirma. No precisa si pedirá compensaciones.

El PP en Les Corts ha anunciado preguntas sobre los sobrecostes. Compromís pide una auditoría externa. El PSPV reclama priorizar el tramo de los colegios.

Mientras, la obra sigue.

La vida en el borde de la excavación

A las 7:00, antes de que empiecen las máquinas, el barrio tiene otra cara.

Los corredores bajan a Ausiàs March y esquivan las vallas, las panaderías abren, los autobuses escolares esperan en la Serradora con el motor encendido y algún vecino saca la basura antes de que llegue el primer camión de grava. A las 7:15 descarga el primer camión. El ruido dura hasta las 19:00, con dos horas de pausa al mediodía. Los vecinos de los bajos han instalado dobles ventanas. Algunos han pedido cambiar el horario de la obra, sin éxito.

En el bar, a las 8:00, se habla de lo mismo que hace un año, pero con menos enfado y más cansancio. Alguien comenta que el colector evitará las inundaciones. Otro responde que para entonces los comercios del tramo ya habrán cerrado.

La obra ha cambiado el mapa de las relaciones. Gente que no se conocía comparte ahora grupo de mensajería. Hay una lista de correo con 340 suscriptores y un canal de avisos que funciona mejor que el teléfono del inspector. En Malilla, la información circula antes por el móvil que por el tablón oficial.

El colector no tiene fecha cerrada. Tiene una zanja de 1.400 metros que atraviesa el barrio de oeste a este y que ya forma parte del paisaje.

Los vecinos calculan que, cuando terminen, habrán pasado 29 meses desde la primera valla.