Qué se midió y con qué aparatos
La Concejalía de Agricultura Urbana instaló 22 caudalímetros en los ramales de riego de la Marina, Natzaret y Benimàmet a lo largo de marzo de 2024. El objetivo declarado era medir el consumo real por parcela, algo que hasta entonces nadie había hecho en la ciudad. Rafael Mompó, técnico del departamento, revisó las lecturas cada quince días hasta el 30 de septiembre de 2025.
El sistema funcionó a medias. Nueve caudalímetros se atascaron por cal y sus datos hubo que descartarlos. Los trece restantes dieron una serie de 547 días con lecturas válidas, sobre los que se calculó el promedio por metro cuadrado cultivado, y conviene decir que el descenso del 12% en el consumo total no es achacable a una sola causa porque en ese mismo periodo se sustituyeron 340 metros de tubería de fibrocemento por polietileno y se cambiaron 61 aspersores por riego por goteo.
Los medidores de humedad del suelo, comprados a una empresa de Paterna por 4.180 euros, duraron menos. Solo 6 de los 18 previstos siguen operativos. Los otros doce se degradaron tras el verano de 2024, cuando la temperatura del sustrato superó los 41 grados en varias jornadas.
Queda un dato incómodo. El consumo por kilo de tomate producido apenas cambió: pasó de 38 a 36 litros. Se riega menos en total porque hay menos superficie activa, no porque cada planta beba mejor.
Las 41 parcelas que siguen en pie
De las 60 adjudicaciones iniciales, 41 mantienen actividad verificable a octubre de 2025. La comprobación no fue un autoinforme: dos inspectores municipales visitaron cada parcela tres veces, en abril, julio y octubre, y anotaron presencia de cultivo, estado del riego y signos de abandono.
El perfil de quien aguanta es concreto. Veintiocho de las 41 parcelas activas están gestionadas por personas que viven a menos de dos kilómetros del huerto, según el cruce del padrón con las solicitudes. En las 19 abandonadas, esa proporción cae a seis. Hay otra diferencia que no se midió al principio y que apareció al revisar los cuadernos de campo: once parcelas activas comparten herramientas y turnos de riego entre dos o tres titulares, y ninguna de las abandonadas tenía un acuerdo de ese tipo.
El ayuntamiento había previsto cerrar 2025 con 50 parcelas productivas. No llegó. La cifra se quedó en 41 y el objetivo no se ha reformulado públicamente.
Lo que falló en Benimàmet
Benimàmet concentra el fracaso más visible del programa.
Se adjudicaron 14 parcelas en un terreno cedido junto al antiguo apeadero, y a fecha de hoy solo cuatro siguen trabajadas. Las otras diez llevan sin riego desde marzo de 2025. La causa principal fue el agua: el ramal que debía abastecer el sector norte del huerto nunca llegó a conectarse a la red general, porque la concesión hidráulica se tramitó tarde y llegó denegada en parte, y la Federación de Asociaciones Vecinales de València presentó una queja en septiembre de 2024 pidiendo una solución provisional que nunca se ejecutó.
Un segundo problema fue el suelo. Los análisis encargados a la Universitat Politècnica de València detectaron niveles de zinc por encima del valor de referencia en cuatro de las parcelas. El consistorio recomendó no cultivar hortalizas de raíz en esas cuatro y ofreció el traslado a la Marina, que solo aceptó una persona. Tampoco ayudó la distancia: Benimàmet queda a nueve kilómetros del centro y el transporte público hasta el huerto obliga a dos transbordos desde la mayoría de barrios donde viven los adjudicatarios.
El resultado medible es este. De los 2.400 kilos de producción estimada para Benimàmet en el plan inicial, se recogieron 310 en 2024 y 190 en 2025. El resto de la producción municipal se concentró en la Marina y Natzaret.
El ahorro de agua, en números
El descenso del 12% en el consumo total es real, pero conviene desglosarlo. La Marina bajó un 21% entre el primer y el último trimestre medidos, de 4.180 a 3.302 metros cúbicos. Natzaret apenas varió: pasó de 1.960 a 1.887.
La diferencia entre los dos espacios tiene una explicación técnica. En la Marina el riego es por goteo en el 78% de la superficie activa. En Natzaret sigue habiendo 22 aspersores de cobertura, que riegan también los pasillos y las zonas no cultivadas. La Concejalía calcula que el cambio a goteo se amortiza en cuatro años y medio con el precio actual del agua, aunque esa cuenta no incluye la mano de obra de instalación, que se hizo con personal propio y no se ha valorado.
Un dato que el informe municipal no destaca: el agua no medida, la que se pierde por fugas en los ramales antiguos, supone todavía entre el 9% y el 14% del total según los tramos. Los caudalímetros no cubren esos puntos.
Quién sigue y quién se fue
El programa arrancó con 60 adjudicatarios y una lista de espera de 214 solicitudes. Esa lista no se ha movido casi: a octubre de 2025 hay 197 personas esperando, porque las parcelas que se liberan no se reasignan con rapidez y el trámite de renuncia y nueva adjudicación tarda de media siete meses y medio.
Ha renunciado formalmente una treintena de personas.
Otras nueve simplemente dejaron de aparecer sin comunicarlo, y esas parcelas siguen contadas como adjudicadas hasta que se resuelva el expediente, que es la razón de que el número de abandonadas y el de renuncias no cuadre del todo. El perfil del abandono es homogéneo: la mayoría de quienes se fueron tenían más de 60 años y habían solicitado la parcela sin experiencia previa en cultivo, y el consistorio no ofreció formación obligatoria, solo dos talleres voluntarios en la Feria de Muestras con 34 asistentes entre ambos.
Queda una pregunta que el informe deja abierta. Con 197 personas en lista de espera y 19 parcelas vacías o sin uso real, la gestión del programa, más que la demanda, aparece como el cuello de botella. El ayuntamiento prevé publicar en el primer trimestre de 2026 una revisión del plan, con la posibilidad de abrir un cuarto espacio en la pedanía de El Saler. No hay presupuesto asignado para ello todavía.