Cómo trabajamos en Imperil Zyra: fuentes, verificación y correcciones

Cada texto que publicamos nace de una llamada, un correo o una conversación en un bar de Russafa. Este es el recorrido completo de una información hasta que llega a tus manos.

De dónde sale lo que publicamos

La primera regla es sencilla: no publicamos nada que no podamos explicar de dónde viene. La mayoría de nuestras historias empiezan con una alerta ciudadana, como la de un agricultor de la huerta de Alboraya que nos escribió en febrero de 2024 porque el agua de riego le llegaba con menos presión cada temporada, o la de una vecina de Benimaclet que grabó con el móvil un vertido en el barranco del Carraixet un domingo por la mañana.

Sin papel, la historia se queda en la nevera.

Cuando recibimos un aviso, lo primero que hacemos es comprobar si hay un documento detrás: una licencia, un acta de inspección, una factura o un informe de la Confederación Hidrográfica del Júcar. Un correo con una foto fechada vale más que un rumor repetido en tres grupos de WhatsApp, aunque el rumor venga de alguien con cargo.

Tenemos tres fuentes estables de información. La primera son los propios afectados, gente que trabaja la tierra o vive en los municipios del área metropolitana. La segunda son los registros públicos: el Portal de Transparencia de la Generalitat, los boletines oficiales, las actas de plenos en Paiporta, Torrent o Paterna. La tercera son los técnicos y funcionarios que conocen los expedientes por dentro.

Ninguna de las tres basta por separado.

En 2024 recibimos 1.247 avisos ciudadanos. De esos, 312 llegaron con documentación adjunta. Solo 38 acabaron en una investigación publicada. El resto se archivaron, se derivaron a otros medios o siguen abiertos esperando una pieza que no tenemos. Esa proporción no nos avergüenza: preferimos publicar poco y bien. Un técnico del Ayuntamiento de Valencia nos llamó una vez desde un teléfono fijo que no quería que identificáramos, y esa llamada de once minutos acabó siendo el origen de un reportaje de cuatro mil palabras sobre el sellado de pozos en la huerta sur.

La verificación, paso a paso

Cuando una pista supera el primer filtro, asignamos a dos personas del equipo. Una busca confirmar el hecho central. La otra intenta refutarlo. Ese segundo trabajo es el que más tiempo consume y el que menos se ve, porque no produce titulares ni aparece en los créditos de la pieza final, pero sin él no publicaríamos nada de lo que publicamos.

Si las dos líneas no coinciden, no publicamos.

El proceso tiene cuatro pasos fijos. Primero, identificamos a todas las personas y entidades mencionadas y les pedimos su versión por escrito. Segundo, cruzamos los datos con al menos dos fuentes independientes entre sí. Tercero, verificamos cada cifra con su documento original. Cuarto, revisamos el texto completo con un editor que no ha participado en la investigación.

Un ejemplo real: en enero de 2025 publicamos que una planta de envasado en Picanya vertía aguas residuales al sistema de acequias. La primera fuente fue un trabajador. La segunda, un informe de inspección de la Conselleria de Agricultura fechado el 14 de noviembre de 2024. La tercera, una analítica encargada por nosotros al laboratorio de la Universitat Politècnica de València. Las tres coincidían. Publicamos.

Las cifras nunca se redondean al alza. Si una ayuda pública es de 47.320 euros, escribimos 47.320 euros. Si una parcela mide 1,8 hectáreas, no decimos 'casi dos hectáreas'. Ese detalle parece menor y no lo es. La precisión es la única forma de que un lector pueda comprobar lo que contamos por su cuenta, y de que una fuente hostil no pueda desmontar el texto entero por una cifra mal puesta. El anonimato es una excepción, nunca la norma, y siempre pasa por el editor.

Qué ocurre con tu aviso

Si nos escribes a [email protected], recibes una respuesta en menos de 72 horas. No es un acuse automático: es una persona del equipo la que contesta, y puede decirte que la pista no da para una investigación, que necesitamos más documentación o que vamos a abrir una línea de trabajo.

Los avisos que no publicamos no se tiran.

Se guardan en una base interna con acceso restringido a cuatro personas. A veces una pista de 2023 se convierte en historia en 2026 porque aparece un expediente nuevo, y otras veces nunca se publica, y está bien así, porque no todo lo que nos llega merece un artículo ni todo aviso esconde un abuso.

Hay un caso que repetimos en las reuniones del equipo. En marzo de 2024, un vecino de Sedaví nos avisó de un vertido en una acequia. Tardamos cinco meses en publicar porque faltaba el informe de la Confederación. Cuando salió, el Ayuntamiento abrió un expediente sancionador. El vecino nos escribió después: 'Pensaba que os habíais olvidado'. No nos habíamos olvidado.

Errores y correcciones

Nos equivocamos. No es una frase de compromiso, es un hecho que asumimos y que intentamos reparar rápido. Cualquier persona puede pedir una corrección escribiendo a [email protected] o llamando al 96 3XX XX XX. No hace falta ser el protagonista de la información.

Cuando recibimos una solicitud de corrección, la revisamos el mismo día. Si el error es de hecho, lo corregimos y añadimos una nota al pie con la fecha y el cambio. Si el error es de contexto, publicamos una aclaración separada. Si no hay error, lo explicamos por escrito a quien lo plantea, con los documentos delante y sin rodeos.

En 2024 publicamos 14 correcciones. La mitad eran erratas en cifras o nombres. La otra mitad eran errores de contexto, más graves. La más comentada fue una confusión entre dos polígonos industriales de Ribarroja y Paterna en un reportaje sobre suelo agrícola. Corregimos en cuatro horas y explicamos el fallo en un hilo público.

Ninguna corrección desaparece. Queda visible en el artículo original y en una página de correcciones que actualizamos cada viernes. No borramos textos salvo por orden judicial, y cuando eso ocurre lo contamos. La transparencia no es un eslogan: es la única manera de que un medio local como este siga teniendo sentido en Valencia.